Entradas

Legión de luz y sombra

  Toda la familia se encontraba bajo la luna en un aposento bastante grande; rodeábamos una mesa que contenía los más exquisitos manjares que puede proveer la vida, comida totalmente deliciosa, y no me olvido del vino y demás bebidas capaces de adaptar tu personalidad. Yo (su narrador pecador) disfrutaba de todas aquellas entrañas de la mesa mientras charlaba con uno de mis primos (tengo siempre la mala costumbre de comer y hablar al mismo tiempo). Una de las muchas conversaciones nos llevó a manifestar nuestras creencias y concepciones acerca de la religión: en lo personal, mis humildes lectores, les confieso que mi salvador siempre está presente en todas los aspectos que desarrolla mi vida y, mejor aún, lo he soñado tantas veces que no tengo la mínima duda de su absoluta existencia. Pero cada uno de nosotros tiene expresiones distintas, y yo lo respeto, así como respeté los comentarios de mi primo. Muchas discusiones giraron en torno a este tema interminable; era tan delicioso qu...

La jaula

  A Goody El agua de la tina no escurría, pero estaba preparada para que entrara en ella como una sombra corre al paraíso. Mis pensamientos versaban en torno a la soledad: un suicidio, rata in fraganti que deseaba devorar su propia trampa. El frío terrenal calcinaba mis pies. Mi tórax, al descubierto, mudaba de la cálida iluminación a una oscuridad sagrada, y de mi cintura hacia abajo una diminuta toalla, que apenas resistía la gratificación del aire, se meneaba con un vaivén. A punto de entrar a la tina a mitad de la noche, un sonido agudo penetró más mi comodidad que mis oídos; eran mis compañeros que, acompañados de una maestra hermosa, deseaban entrar a la casa. Abrí la puerta, advirtiendo que el tiempo era esencial no sólo para el contrabando de penas, sino para desaparecer, y me refugié de inmediato en algún rincón de la infinita casa para vestirme.   Al hacerlo, mi insospechado perro Goody despertó abruptamente; miré el resplandor de sus ojos todavía somnolientos,...

Apariencias

Me parezco al gato que rosa tus piernas, a la luna de las 5 de la tarde, a las gotas de agua que suavizan tu piel bajo un sol creciente. Me parezco a la enamorada noche de Helena. Pero sólo me parezco, porque en el fondo... roso tus piernas, pero no respondes, y te es indiferente una luna a las 5 de la tarde, y repruebas el principio grácil de la lluvia, y hasta Helena anheló volver a su patria. 

Llamada por cobrar

  Es la misma ventura que sus pasos traslucen bajo las banquetas: por las albas y por las tardes. Pero son esas tardes características del sueño, donde la posibilidad de caer en él es más alta cuando el sol reposa sobre el estómago y es precisamente en una de ellas donde su ventura falsea abruptamente, y no por obra de nuevos baches o porque el de las papas se le cruce. No, en nada de eso consiste su fuga; es más bien un llamado que todo hombre espera desde su nacimiento y que al mismo tiempo pospone con excusas banas; pone a la vida de frente el muy cobarde. Se detiene porque un joven tatuado, a bordo de una bicicleta, se le encara, y el hombre lo acepta con una expresión de satisfacción y una arruga que reclama el retraso. El joven no cesa su cometido y, a diferencia del hombre, es pasivo porque bien conoce que el tiempo cae en los huecos exactos; saca un celular de pésima marca de una de las bolsas de su pantalón y lo extiende hacia el hombre: ̶ Quieren hablar contigo, cabrón....

El oscuro sendero de los reyes

Sometidos por unas paredes que apenas se dejaban ver con la luz delantera del auto y con la certeza apenas poseyéndolos aceleraron el kilometraje. De vez en vez chocaban contra el automóvil enemigo, otras con el instinto, o con las barreras del estrecho camino en el que apenas cabía el ancho de esos dos carros. Una persecución nocturna, y nada más. El oscuro sendero parecía infinito; su forma en zigzag consumía la pizca de paciencia que Ozmel intentaba no abandonar (esta batalla se adjudicaba más a la gente que le rodeaba, quien decía que cumplidos los dieciocho años el pecado más altanero era caer sobre las púas del desasosiego).   Cada que Ozmel se acercaba al auto del enemigo, su copiloto Nestor, con un revólver en mano, intentaba disparar desde la ventana. El perfume del arma abanicaba el aire y el penetrable grito invadía el espacio del enemigo. Sin embargo, de los muchos disparos que empuñaba la vida ninguno le acertó. Pero los insistentes picoteos de auto a auto llevaron...

La caja negra

  Ciudad de México, 25 de febrero de 2015 Querido tío: ¿Cómo has estado? Hace 5 años que no te veo, espero que te encuentres bien tanto física como mentalmente. Quiero decirte que aquí no ha cambiado nada desde hace 5 años, todo sigue exactamente igual: misma comida, juegos que no cambian, apuestas que no rebasan la cajetilla de cigarrillos, en fin…, todo es monótono. A propósito, quiero darte las gracias por mandar cada mes cigarrillos, la verdad es que me mantienen despierto y se me han vuelto un hábito que creo difícil de superar, pero como no hay nada que hacer, fumo constantemente para sentir que estoy vivo. El fin de esta carta es por dos razones: la primera es para preguntarte si ya han dado con mi hermano; yo tengo fe en que tú junto con las autoridades hacen hasta lo imposible por hallarlo. Por favor, tío, no se rindan, yo siempre mantendré la esperanza. En cuanto salga de este lugar mi única prioridad será encontrarlo aunque me cueste la vida. Tío, te vuelvo a rec...

Sueño causado por el vuelo de un mosquito alrededor de mi oreja un segundo antes de despertar

 Soy policía de la Procuraduría General de la Justicia. No tiene mucho que me mudé al departamento de este edificio que no es más diferente de los cuartos de los reclusorios. Varias veces a la semana la dueña me invita a "cenar" a puerta cerrada y cada vez que la veo lleva un vestido más apretado y corto que el anterior, ésa es la razón principal por la que me quedo. El primer día de nuestro encuentro, que fue cuando me enseñó el departamento, subimos las escaleras con ella enfrente de mí; le vi los muslos descubiertos con una tanga. Entonces me dijo: "¿En serio es usted policia?". A lo que yo contesté con: "Verdad de dios, ¿no quiere ver mi pistola?". Pero ella no lo entendió hasta entrada ya la noche.   El edificio también tiene cosas chuscas, como los patos que aparecen a primera hora de la mañana en el techo moviendo sus alas y sus picos. Yo los noto por las sombras que proyectan con los rayos del sol, y si no fuera por los vecinos que ya les agarrar...