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Sueño causado por el vuelo de un mosquito alrededor de mi oreja un segundo antes de despertar

 Soy policía de la Procuraduría General de la Justicia. No tiene mucho que me mudé al departamento de este edificio que no es más diferente de los cuartos de los reclusorios. Varias veces a la semana la dueña me invita a "cenar" a puerta cerrada y cada vez que la veo lleva un vestido más apretado y corto que el anterior, ésa es la razón principal por la que me quedo. El primer día de nuestro encuentro, que fue cuando me enseñó el departamento, subimos las escaleras con ella enfrente de mí; le vi los muslos descubiertos con una tanga. Entonces me dijo: "¿En serio es usted policia?". A lo que yo contesté con: "Verdad de dios, ¿no quiere ver mi pistola?". Pero ella no lo entendió hasta entrada ya la noche.   El edificio también tiene cosas chuscas, como los patos que aparecen a primera hora de la mañana en el techo moviendo sus alas y sus picos. Yo los noto por las sombras que proyectan con los rayos del sol, y si no fuera por los vecinos que ya les agarrar...

Cara de tonto

Primero subí a mi habitación: debatí contra las sábanas y no había más que dos almohadas simulando un cuerpo dormido. El inmundo no estaba. Más allá del lugar en donde mi cabeza hace hueco cada noche, tampoco. Pero mis cajones abiertos dejaban ver en su interior todas mis frases, poemas, cuentos y una novela recién terminada, en desorden. ‹‹Un mal hábito que no ha podido combatir››, pensé, moviendo la cabeza de un lado a otro. Estuvo allí la sanguijuela, siempre ignorando las órdenes superiores. Insistí algunas veces en que lo guardaran bajo llave de manicomio, porque su sufrimiento lo hace pasar por violencia, pero no estoy hablando de meras cachetadas o simples pataditas. ¡No! Hablo de violencia de la incontrolable, de la que te zambulle en el lago de la muerte. No es que esté loco, al contrario, en sus manos carga con una gran responsabilidad que desafortunadamente es incapaz de sostener. Sí, en toda familia siempre hay un sádico, una oveja negra. Mi búsqueda se recobró en el pi...

Ánima

    “Cuando alguien dice no puedo dejar a esa mujer aunque lo querría hacer, eso es el Ánima" Carl Gustav Jung, Entrevistas La mayoría de los vecinos no cree haber vivido el conflicto de esa noche. Se niegan a plantar los pies sobre el suelo y se niegan a admitir que todo lo que vieron fue absolutamente real. Para engañarse, inventaron varias versiones: que era una parejita que no vivía cerca de nuestra colonia Nápoles y que andaban discutiendo, borrachos, en plena calle, hasta que el hombre mató a la mujer con un arma y ocultó su cadáver; unos dicen que la mujer alcanzó a huir del disparo del hombre; otros que hubo un perro que acompañó todo el tiempo a la mujer, pero que jamás la defendió; incluso algunos llegan a decir que fueron alucinaciones causadas por el estrés de su trabajo o una broma de algún programa de televisión. Pero todas estas estupideces son falsas, y pese a que todo el vecindario lo sabe sigo sin entender por qué las mentiras siguen esparciéndose. Yo p...

Sefiní

  No veré a Morgan crecer ni escucharé a las besuconas ahuyentar el sabor de tus comidas. Ya no más lágrimas de tercer grado o sonrisas de fortunio por estar en el presente. Terminaron tus desvelos, principiaron mis insomnios. Adiós al penthouse, al feminismo, a Chopin, al color bermellón de las 7 y a la limpieza dental compartida. Se acabó la conversación de vida y muerte, los frappes, el aroma de tu cuerpo mojado, el contacto directo y el México prehispánico.   No asistiré a la boda de tu hermana. No dormiré más a tus espaldas. No escucharás más romanticismos sobre tu hoyuelo o tus mandalas o cualquier parte de tu cuerpo. Por fin podrás hacer yoga sin que yo me invente poemas. Por fin podrás ser tú la persona que se merece.

Un crimen

Se interpuso en su agonía. Se le encaró y con su dedo amenazador golpeó su pecho una y otra vez, mientras le decía: “Mira, morro, te vas a subir al puente y cuando te encuentres a unos güerillos de tu edad les gritas en su jeta: ‘Puta, ya te cargó la chingada’”. Hubo una distorsión de realidad en Pablo; una incógnita que desplegó varias posibilidades acerca de que era el hombre equivocado, y ante esta expresión, que se disgregó alrededor de su boca y ojos, el amenazador le respondió: “Ya te la sabes, morro, si te rajas puede que tu jefecita del segundo piso de este hospital no salga entera. Así que mueve las nalgas”. Pávido, con el gorgoteo del corazón moviendo todo su cuerpo y mirando a todas direcciones Pablo meneó débilmente su cabeza y tartamudeó alguna frase incomprensible. El amenazador reiteró el sufragio y las exactas palabras “Puta, ya te cargó la chingada” y se fue con la promesa de vigilar cada acto. Distintas tretas se le incrustaron a Pablo para zafarse de la maña. N...

Mamasté

Soñé conmigo; con un Dario contrario a lo que es: bravo, penetrante, tormentoso. Soñé con un Dario que defendió su hogar de intrusos (para mí, amigos de mi mejor amigo) con las palabras más viles y epicúrias, mientras señalaba a su infractor con el temple de un fascista. Soñé con un Dario ágil para los trancazos, que no contempló la opinión de los demás, sino la propia para humillar al supuesto héroe con un ataque de tigre hambriento. Soñé con un Dario que ahuyentó a los extraños, y que en tanto bajaban las escaleras les escupía sobre sus caras sin temor a que se les encarara, porque justo ése era su cometido: que alguno se levantara en su contra para bajarlo a puro puño cerrado. Soñé con un Dario abyecto que, ya invadido por calor de la noche, delinquió contra la seguridad ciudadana. Soñé con un Dario escondido tras las puertas de una iglesia, de una patrulla que lo perseguía; no hubo arrepentimiento ni fragilidad ni lágrima ni siquiera miedo, sólo una pinta a pies de la figura de M...

Son of a bitch

En 1877 Billy the Kid escapa del sabor del pecado a Nuevo México, y no por miedo a su captura o al declive (ya había padecido el encierro dos veces y constantemente lapidaba el sueño de la muerte), sino por la mera ventura de ser el bandido perfecto. Es en el condado de doña Ana donde conoce a the Boys, banda dedicada al robo de vacas y caballos; es en el condado de doña Ana donde entrega su lealtad y donde acuña el placer de abrir fuego con un arma. Desde luego nadie queda exento de las peripecias instintivas, y Billy the Kid, en medio de uno de los muchos atracos de la banda, alcanza a distinguir en el establo a una joven que derrite el semblante de quien le presta los ojos. Billy the Kid no vacila el instinto; un impulso innombrable lo hace correr hasta la joven, quien permanece con los pies hundidos en la tierra, y le cubre la boca seca con su mano enlodada, mientras que con la otra la desnuda con desdén. La joven no reacciona al hecho irascible, y en lugar de defenderse ve t...