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Un crimen

Se interpuso en su agonía. Se le encaró y con su dedo amenazador golpeó su pecho una y otra vez, mientras le decía: “Mira, morro, te vas a subir al puente y cuando te encuentres a unos güerillos de tu edad les gritas en su jeta: ‘Puta, ya te cargó la chingada’”. Hubo una distorsión de realidad en Pablo; una incógnita que desplegó varias posibilidades acerca de que era el hombre equivocado, y ante esta expresión, que se disgregó alrededor de su boca y ojos, el amenazador le respondió: “Ya te la sabes, morro, si te rajas puede que tu jefecita del segundo piso de este hospital no salga entera. Así que mueve las nalgas”. Pávido, con el gorgoteo del corazón moviendo todo su cuerpo y mirando a todas direcciones Pablo meneó débilmente su cabeza y tartamudeó alguna frase incomprensible. El amenazador reiteró el sufragio y las exactas palabras “Puta, ya te cargó la chingada” y se fue con la promesa de vigilar cada acto. Distintas tretas se le incrustaron a Pablo para zafarse de la maña. N...

Mamasté

Soñé conmigo; con un Dario contrario a lo que es: bravo, penetrante, tormentoso. Soñé con un Dario que defendió su hogar de intrusos (para mí, amigos de mi mejor amigo) con las palabras más viles y epicúrias, mientras señalaba a su infractor con el temple de un fascista. Soñé con un Dario ágil para los trancazos, que no contempló la opinión de los demás, sino la propia para humillar al supuesto héroe con un ataque de tigre hambriento. Soñé con un Dario que ahuyentó a los extraños, y que en tanto bajaban las escaleras les escupía sobre sus caras sin temor a que se les encarara, porque justo ése era su cometido: que alguno se levantara en su contra para bajarlo a puro puño cerrado. Soñé con un Dario abyecto que, ya invadido por calor de la noche, delinquió contra la seguridad ciudadana. Soñé con un Dario escondido tras las puertas de una iglesia, de una patrulla que lo perseguía; no hubo arrepentimiento ni fragilidad ni lágrima ni siquiera miedo, sólo una pinta a pies de la figura de M...

Son of a bitch

En 1877 Billy the Kid escapa del sabor del pecado a Nuevo México, y no por miedo a su captura o al declive (ya había padecido el encierro dos veces y constantemente lapidaba el sueño de la muerte), sino por la mera ventura de ser el bandido perfecto. Es en el condado de doña Ana donde conoce a the Boys, banda dedicada al robo de vacas y caballos; es en el condado de doña Ana donde entrega su lealtad y donde acuña el placer de abrir fuego con un arma. Desde luego nadie queda exento de las peripecias instintivas, y Billy the Kid, en medio de uno de los muchos atracos de la banda, alcanza a distinguir en el establo a una joven que derrite el semblante de quien le presta los ojos. Billy the Kid no vacila el instinto; un impulso innombrable lo hace correr hasta la joven, quien permanece con los pies hundidos en la tierra, y le cubre la boca seca con su mano enlodada, mientras que con la otra la desnuda con desdén. La joven no reacciona al hecho irascible, y en lugar de defenderse ve t...

Minificción en la poesía

Hace 14 años asistí a una conferencia que se titulaba “Minificción en la poesía”. El auditorio albergó alrededor de 300 personas y yo pude estar en los lugares de en medio, donde es difícil percibir al expositor, pero no el conocimiento que se refleja en la palabra. En ese entonces yo estaba por finalizar mi tesis acerca del proceso creativo del escritor. Una de mis suposiciones se centró en que la realidad del escritor, el modo de aprehensión de esa realidad, teóricamente la poesía, no es imaginaria ni de naturaleza sensitiva, sino que es un fenómeno que vive el escritor; por ejemplo, Cortázar convivió con sus cronopios en el intermedio de un concierto de Ígor Stravinsky, el acontecimiento de canibalismo que relató Poe y que 46 años después se hizo realidad, la venganza de la muerte del padre de Rulfo, el sueño uxoricida que se le dio a Louis Althusser y se llevo a cabo años más tarde. El caso es que durante la conferencia referida unos tipejos al lado mío me preguntaron si cono...

El Otro

Yo sé que se me ha revelado algo, y ese algo lo encontraré en las montañas del Himalaya. Acaso Artemidoro de Éfeso mostró que algunos de nuestros sueños son proféticos, y que la imagen se le da al hombre a través de la Conciencia por los dioses. Y yo soñé un fin, y al mismo tiempo un principio; soñé que todas las cosas era sintonía, que nuestros átomos están antes del tiempo y a la vez en el presente y futuro; soñé con la sucesión de Fibonacci y la mano que se atreve a dar orden; soñé con los patrones de la naturaleza.   Y después vino el éxtasis, la epifanía que jamás podré explicar con palabras porque es lenguaje de los dioses. Pero sí puedo decir que allá, en las montañas del Himalaya, es donde principia todo, y que yo no seré un hombre, sino que en el día menos esperado tendré un equilibrio interno y los dioses me tomarán las manos para formar su símbolo: me crecerá pelo grueso y blanco por todo mi cuerpo y dientes de tigre y mis pies serán como los de los orangutanes. Yo ...

(A)mar

A Lu Me acerco, y una brisa me carga entre sus balas de agua, quizá para demostrar que no toda guerra es un signo de desorden y egoísmo. Me acerco más, y mientras un calzado de oro viste mis pies, intento ver hasta dónde muere el mar, pero la respuesta es otra; la respuesta es fruto de mi alma. Me acerco lo suficiente para ver cómo un mar claro abandona conchas y tortugas, y la vez me ampara. Me acerco un poco más, y hay presión en mi corazón, pero liviandad en mi cuerpo; palpitación en mi sueño, pero estoy despierto; ganas de ser parte… Y por fin, después de tanto acercarme, entretejo tus labios a los míos.

Tota Die

30 de abril de 2020  9:58 a.m. Despierto. El sueño fue simple: mi doppelgänger explicando el Espíritu de Mead dentro de un aula, más a mí que al resto: las acciones son sólo acciones hasta que la sociedad le otorgue símbolos. 11:53 a.m. Desayuno té y una galleta con dulces arrugas que me recuerdan las manos de mi madre y cómo le abro la puerta del baño para que con jabón extinga al covid. 12:49 m. Extraño ciertas calles y a ciertas personas. La mitad de ellas ya les caen gordas las videollamadas, las demás reinventan las interacciones.   2:34 p.m. Mi papá abre el puño de su mano y me enseña que ha atrapado un grillo. Inmediatamente, me reconozco en su encierro.   3:59 p.m. He excedido el número de hojas de mi tesis de licenciatura, pero abandonar a Goffman a media función de teatro me volvería un actor cínico .   6:12 p.m. Llueve, y el viento me eleva: quizá libertad. 9:12 p.m. A la distancia mi mujer recita las palabras de Nezahualcóyotl: como u...