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Detrás de los crímenes de la Semana Escarlata, Francisco Tario

Los siguientes hechos pretenden explicar los crímenes de la llamada Semana Escarlata, que el escritor mexicano Francisco Tario escribió  en la década de los cuarenta, recordando al lector que el texto es una mera ficción probable que desbordó de la imaginación del escritor luego de leer la primera parte del cuento de Tario. Aquellos incidentes de fuego y muerte que devinieron bajo la Semana Escarlata emplean una relación muy extensa, una serie de hechos que desencadenaron con una noticia que casualmente no se menciona en ningún periódico y que tiene que ver con la llegada de la embajadora de la India en el Aeropuerto de los Ángeles, Alisha Vohra Sachdeva y de su acompañante canino Vórac, y a quien en su intento por trasladarse a su hotel se sirvió del servicio de un taxi. Su dueño, un musulmán de nombre Abdul Ebeid, prefirió perder su empleo antes que subir a la embajadora y su animal de compañía que para su religión no es más que un incitador al mal, pues bien refiere en s...

Nunca me había alegrado tanto ir a la escuela

  De repente el tiempo se detuvo. Bueno no el tiempo en sí, más bien se congeló toda la gente de mi alrededor. Pasó mientras comía. A mi papá le faltó poco para levantarme la mano de advertencia al ver mis burras calificaciones del bimestre. Y así se quedó, con la mano apenas despegándose de la mesa, y mi mamá y mis hermanos viendo el acto de injusticia con su cara de babosos. Al principio me saqué de onda, porque creí que yo lo había provocado. Toqué la cara flácida de mi papá y no respondió, aproveché para darle un putazo al hombro a mi hermano y nada. Quise ver qué pasaba. Salí a asomarme y en el instante en que el silencio me removió la cabeza una pinche ideota se me dejó venir; fue rápido, sin meditaciones y sin carajos análisis. Nunca me había alegrado tanto ir a la escuela, a pesar de que en la mañana llevaba haciéndome guey para retrasarme y no entrar. Ya afuerita de la escuela, caché al puto de Mendoza, esperándome en la esquina y enfrente de él la Fernaquita, siempre ec...

Blanco lirio

Vivir, vivir en el icónico presente que huye de mí por no salir más con parches en sus soles y picaduras en su frágil coqueteo.   Entonces el pasado, entonces el sabor nocturno raspando los párpados para engañarme y preferir la osadía de la enfermedad a aceptarlo todo. Y el futuro, el futuro una maldición ilustre que escuece mis piernas.  No hay nada ni el rugir del tiempo. 

Otro espantapájaros

  …y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura. Oliverio Girondo , Espantapájaros 21 Que los taquiones te regresen a la miseria una y otra vez hasta la eternidad. Que tu páncreas sea el vellocino de oro que buscan los argonautas. Que seas uno de los soldados que presencie el bosque de empalamientos de Vlad Dracul. Que todo tipo de deidades te amenace con la inmortalidad. Que trabajes como el mecenas de Salvatore y su arte invisible y tengas que dar los mismos sofismas para cubrirte del ridículo mayor. Que camines de rodillas sobre el triangulo de Penrose hasta que halles el final. Que en medio de una noche de lluvia y trueno se te aparezca un querubín y te diga con sus cuatro voces en llamas: “No tengas miedo”. Que tú seas el culpable de la conquista de Marte sobre la Tierra por haber creído que eran dioses. Que sigas al pie de la letra el método de Mitrídates contra el envenenamiento y leas el poema...

Quetzalcoatl (ejercicio 9 - adivinanza)

  Solitario, bajé a Mictlán y escapé con los huesos de los muertos para mezclarlos con mi sangre y dar forma al primer Adán. Enardecido, sostuve la guerra con mi hermano Tezcatlipoca y frágil presencié la huestes de los españoles devastando mi pueblo. Osado, porté el caracol que retumbó sobre mi tórax y con mi andar de serpiente me labré sobre la lánguida pirámide. Viento, hombre, príncipe del zafir, serpiente emplumada, regresaré a mi patria cuando el quinto sol se deje ver en el horizonte.

El despertar del Kundalini (ejercicio 8 - autorretrato)

Mira esta cara, argamasa de sueños y bestias, cuenco de lágrimas donde los vencedores enjuagan su mentira y la piel abierta, su libertad. Saborea esta boca callada que ha besado la luna reflejada en un charco, que finge ser un vals de gracia por no ser material de nínfulas, que es vestigio para que el poema sea resurrección. Envuelve estas manos en las tuyas y comprueba el páramo tibio, estos dobleces de dedos que, como rutas de mártir, escriben para salvarme de mí mismo. Palpa este músculo cardiaco, recorre con el pincel las doradas cicatrices y las quemaduras de tercer grado, y aún así estás a una huelga de paz para entrever el latido. Soy esta piel y debajo la magia del instante. Soy esta patria de dolor y encima el esqueleto. Y mi mano izquierda es un semidiós que labra. Y mi mano derecha es un tigre que muda de pelo.

Victimización

  Que me sobra mucha vida. Que quiero más a las personas idealizadas que las que existen. Que le abro las puertas a las monstruos de carne y hueso. Que presto mi alma a quien sea para que me la devuelvan sin botones, agujereada, toda sucia y oliendo a orines. Que me tocó el destino de la metáfora al del ingeniero. Que tengo tantas heridas como estrellas en el cielo. Que brindo con las lágrimas, que poco a poco se van haciendo menos saladas. Que sí puedo sacar una emoción de enigma, pero no un préstamo para un departamento Que doy amor a borbotones, pero recibo migas. Que soy propenso al alcoholismo y al llanto, por eso de la tristeza aguda. Que al final busco salvación en mi propia mentira. ¡Anda! Ve y pregunta al poeta, antes de que su decisión sea el suicidio, de qué otras desgracias está hecho.