Mi boxeo había mejorado, pero yo no, yo seguía llorando tu partida, y fue durante mis golpes a la gobernadora cuando el entrenador insinuó la práctica del knock out: “Ahora vas a golpear aquí, como si le estuvieras dando a la persona que más odias. Acuérdate de tu ex, por ejemplo, eso te servirá”. Entonces por accidente el impacto resbaló de la gobernadora para knockear al maestro. La fuerza abyecta no había nacido del odio hacia ti, sino del odio hacia mí.
"Si pudiera pasar la eternidad contigo sería un sueño hecho realidad, ¿sientes lo mismo?", me dijo mientras acariciaba mi pelo. Entonces le susurré que no había deseo más perfecto. ¡Pero yo no sabía que la eternidad sería después de la muerte!
Los siguientes hechos pretenden explicar los crímenes de la llamada Semana Escarlata, que el escritor mexicano Francisco Tario escribió en la década de los cuarenta, recordando al lector que el texto es una mera ficción probable que desbordó de la imaginación del escritor luego de leer la primera parte del cuento de Tario. Aquellos incidentes de fuego y muerte que devinieron bajo la Semana Escarlata emplean una relación muy extensa, una serie de hechos que desencadenaron con una noticia que casualmente no se menciona en ningún periódico y que tiene que ver con la llegada de la embajadora de la India en el Aeropuerto de los Ángeles, Alisha Vohra Sachdeva y de su acompañante canino Vórac, y a quien en su intento por trasladarse a su hotel se sirvió del servicio de un taxi. Su dueño, un musulmán de nombre Abdul Ebeid, prefirió perder su empleo antes que subir a la embajadora y su animal de compañía que para su religión no es más que un incitador al mal, pues bien refiere en s...
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